Como venía desde la columna anterior (un plato que sabe mal): la elección que realizamos a diario sobre un alimento, es el acto más soberano y político. Hoy me encuentro escribiendo esta columna, desde el mismo espíritu que me permitió expresarme anteriormente.

Todas esas interpelaciones que me hice en esas líneas conservan el mismo espíritu. Sumar valor a una gastronomía de paradigma sostenible en el que hablamos desde la generación de las materias primas a las personas en toda su cadena.

La intención creo que es uno de los pilares que pregono y donde quiero hacer hincapié.
¿Con qué espíritu fue mi opinión anterior?

No apuntar a un enemigo sino a un sistema y a sus formas.
Disentir, no confrontar.

Buscar entender esas particularidades con las que convivimos y hasta podemos naturalizar y que considero tienen que cambiar o al menos desafiar. Elegir en qué sistema todos y todas podemos estar un poco mejor.

En esta semana, tuve la enorme posibilidad de conversar en una mesa. Literalmente ambos del mismo lado. Actor público de Ferias de la Ciudad y Actor Privado organizador.

Bienvenido el que todos los actores de ese encuentro (incluida yo) hagamos un mea culpa, haciéndonos cargo de los aciertos y errores y compartiendo esencia. Empatizar sabiendo que se construye colectivamente, que necesitamos de los demás y que asumir el error propio o de terceros nos da la oportunidad de dialogar, crecer y sumar valor

Hacernos cargo nos da APERTURA. Y con respeto, humildad y grandeza poder en conjunto, ser conscientes del impacto que producen nuestros aciertos y errores.

Aceptar las diferencias en una mesa, nos brinda la ENORME posibilidad de ABRIR puertas, de contar con diferentes y diversas miradas que con empatía de tornan muchísimo más ricas que una sola.

Adaptarse, SUMAR VALOR en conjunto y con ello uní oportunidad enorme.
Bienvenidas las voces que se sumen,
Bienvenidas las voces que se animen a decir, «lo harìa de esta forma», escucharse, sentarse y nuevamente dialogar.

Pensemos en la gastronomía sostenible: pensemos esto como proyectos de triple impacto: Valor económico, mirada social e impacto ambiental

Esta es la interacción que la gastronomía necesita y esto sí es UN BUEN MORFAR.
Por más encuentros, buscando una dirección común que nos conduzca a un espacio de enriquecimiento y suma de valor.

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