Una mañana de invierno de 2019, sentada en uno de sus bares favoritos, a Carolina Fryd se le encendió una chispa adentro, identificó algo: “Hay una distancia enorme entre lo que la gente sabe a la hora de pensar en mudarse, y lo que debería saber”. Ya con 7 años en el rubro inmobiliario, siempre había reparado en el hecho de que “la mayoría de los seres humanos trabaja de sol a sol, cinco o seis días por semana, durante once meses y medio al año, con el único objetivo de comprar su vivienda.

Una vez que lo logran, siguen trabajando de sol a sol, cinco o seis días por semana, durante once meses y medio al año, para pagar el crédito hipotecario, o para mudarse a una casa más grande o más linda”. Y fue a partir de esa reflexión y de detenerse en uno de los momentos de la vida tan trascendentales para las personas, que llegó a una certeza…ella tenía con qué cubrir esa distancia, esa brecha de conocimientos, y de ese modo aliviar esta experiencia, a veces, tan traumática que puede ser cambiar de vivienda.

Carolina trabajaba como traductora desde su casa, lo que era ideal mientras sus hijos eran chicos. Hasta que, a sus 45 años, una edad en la que para muchos ya no es posible reingresar al mercado laboral, decidió patear el tablero y su vida dio un giro de 180 grados, hacia el rubro inmobiliario. Su nuevo mundo le permitió vincularse con gente, pero por sobre todo involucrarse con sus historias, emociones y anhelos y así entender qué significa e implica el proceso de mudanza para una persona.

Sin duda, mucho más que embalar cajas y trasladarlas de un lugar a otro. Es dejar el espacio propio, valioso y querido, que a veces genera una sensación de pérdida, la inquietud de poder encontrar otro donde se esté a gusto, los miedos y ansiedades relacionados, y también toda la ilusión de lo nuevo. A partir de interactuar con sus clientes durante los primeros años, su actitud innovadora la llevó a ensamblar este nuevo universo, y todo lo que la conmovía de él y en lo que reparaba día a día, con su vida anterior, la de la palabra; y lo hizo creando lo que es hoy su primer libro “Para Mudarte Mejor”.

“Para Mudarte Mejor”, es una invitación a descubrir un proceso que supone, ante todo, una férrea decisión interior; la búsqueda de una propiedad que se ajuste a las verdaderas necesidades y no a mitos y creencias populares; la elección de una inmobiliaria confiable para atravesar el recorrido; el desafío de ponerle un precio a los recuerdos y vivencias —imposibles de monetizar— que habitan en cada casa; y los miedos que distraen de lo realmente importante. Porque todo cambio, según Carolina, trae lo nuevo, y lo nuevo, a veces, asusta.

Martina Rua, quien fue asesorada por Carolina comenta en el prólogo: “En su proceso de escribir y plasmar sus ideas, Carolina tuvo muy en claro con qué trabaja. No es ni con departamentos, ni casas, ni PHs. Trabaja con deseos, necesidades, miedos, límites, posibilidades, ilusiones. Carolina sabe —e indaga con respeto— sobre las fases vitales de quien la consulta, porque dependiendo del momento de vida, se necesitan cosas distintas. No es lo mismo buscar el departamento para un post divorcio que para el estudiante que llega del interior a comenzar su carrera. O vender la casa de una familia que se fue independizando y que ahora se siente como nido vacío, que acompañar a quien, luego de 35 años de alquiler, tiene la posibilidad de soñar con su espacio propio.”

En sus 177 páginas y 5 capítulos el libro incluye historias de clientes reales a través de los cuales Carolina comparte los conceptos fundamentales de toda operación inmobiliaria. Sus páginas están ilustradas por Sofía Reitzel.

“Es mi deseo que este entramado de ideas e historias hilvanadas en la intimidad de mis madrugadas sirva para echar luz sobre alguno de sus enigmas, despeje alguna incógnita, o alumbre el trayecto hacia algún lugar deseado. Espero que disfruten del recorrido”, invita Carolina.

Hoy el libro puede comprarse a través de su Instagram: @carofryd o por Mercado Libre.

Quién es Carolina Fryd

Carolina Fryd nació en Buenos Aires el 3 de abril de 1966. Es Traductora Pública graduada en la UBA en 1990, y durante 22 años ejerció esa profesión. En un momento le tocó ocuparse de la reubicación de ejecutivos extranjeros que venían a instalarse en el país por pocos años. Ahí ella, que se creía ermitaña y que vivía una especie de cuarentena elegida, descubrió que ese rol le fascinaba, y se prometió, apenas pudiera, dedicarse profesionalmente a los bienes raíces.

Con los hijos más crecidos, ingresó nuevamente al claustro académico, esta vez en la UTN, para cursar la carrera que la convirtió en Martillera Pública en 2012. Fue así como se lanzó formalmente al rubro inmobiliario. Dejó el escritorio, los textos y las traducciones, para zambullirse en la ciudad, interpretando emociones, anhelos, necesidades, y también tendencias de mercado y oportunidades.  Este libro celebra diez años de un recorrido rico en anécdotas, aprendizajes y moralejas.

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