Si uno le pregunta a cualquier montevideano que es lo más lindo de su ciudad no duda y dice: el mar y la rambla. Para los porteños el Río de la Plata es, como su nombre parece indicarlo, un río, para los montevideanos, sin embargo, el río, el mismo, río, se viste de mar.

Debe ser, seguramente, porque la capital uruguaya es una ciudad construida de cara al agua, con un puerto natural y 30 km de una lindísima rambla, con playas preciosas de arena rubia y agua marrón, pero salada. Los montevideanos cuentan, como para que a nadie le quepan dudas de que el río en sus costas es mar, que hay días en que el agua es azul y que entre la arena y las rocas, si uno busca, hasta encuentra mejillones…

Esta ciudad toma su nombre precisamente de un sitio alto que hay en la ciudad, el cerro de Montevideo. La leyenda cuenta que este mote proviene de la expresión en portugués Monte vide eu, que significa “yo ví un monte”, y habría sido pronunciada por un marino perteneciente a la expedición de Fernando de Magallanes al divisar el cerro de Montevideo en 1520. La historia, sin embargo, no termina de hacer las paces con la leyenda y ambas sólo concuerdan en que la palabra Monte hace referencia al cerro, pero difieren en cuanto al significado etimológico del vocablo video. Es interesante visitar este monte/cerro para ver desde la fortaleza que allí se erige, toda la ciudad, bahía y puerto.

Y si tanto mencionar al puerto, le ha abierto el apetito, cuando llegue a Montevideo visite el Mercado del Puerto. Se encuentra ubicado en la ciudad vieja y solía funcionar como un mercado mayorista. Hoy es un polo gastronómico integrado por 14 restaurantes, entre los que se destaca el Palenque. En este espacio se come la mejor parrilla de la ciudad, acompañada de papas al plomo y morrones asados. Éste es también el lugar para pedir dos exquisiteces típicas de los uruguayos: la Pamplona, que es carne de vaca, de cerdo o de ave, pero rellena y el choto, que es el chinchulín de cordero.

Y cuando ande por ahí, fíjese que desde la costa puede ver los restos del Admiral Graf Spee, un acorazado que integró la marina alemana durante el régimen hitleriano y que fue hundido en el fango, en 1942, por su capitán. En torno a este barco se tejen numerosas historias que atraparán a los que disfruten los relatos de intriga militar. Para quienes busquen evidencia, en el Museo Naval de Uruguay, se expone uno de sus cañones secundarios, que fue rescatado y reparado hace 14 años. De la popa del acorazado también fue rescatada el gran águila de bronce (400 kg de peso, dos metros de altura por 2,6 de longitud) con una corona de roble enmarcando una esvástica en sus garras, acontecimiento que tuvo repercusión mundial, ya que esta águila es al parecer la única de sus características en el mundo y es, hasta el día de hoy, motivo de controversia entre el gobierno alemán y el uruguayo.

Los Bosques de Palermo es el espacio verde más famoso de Buenos Aires, El Prado es el rosedal de Montevideo. En este predio se realiza La Semana Criolla o Semana del Turismo (Semana Santa de los argentinos) y si bien es siempre un lugar bonito para visitar, durante la Semana Criolla se realiza la tradición de la doma y jineteada, en la que se puede disfrutar, además, del mejor asado uruguayo y comprar todo tipo de artesanías.

Otro lugar legendario es el café y bar Tabaré. Calificado por la revista “Time” como uno de los mejores cien bares del mundo, está enclavado en la residencial zona de Punta Carretas en la calle José Zorrilla de San Martín 152. Este bar nació en 1919 como un almacén y bar de pescadores al que iban los trabajadores que estaban construyendo el faro de Punta Carretas. Estos obreros compartían la barra con personajes de la alta sociedad y exponentes culturales con historia uruguaya como Carlos Roxlo (periodista, poeta y político), José Luis Zorrilla (poeta y padre de la actriz China Zorrilla), Raúl Montero Bustamante (escritor) y los cantores Carlos Gardel y José Razzano. Luego de un período sin luces, fue reinaugurado a principios del Siglo XXI y se convirtió en un pub-restaurante que conserva con celo las antiguas vitrinas, los exhibidores y la barra del viejo almacén y del bar original. Si bien mantiene la estética que lo hizo famoso, hoy posee un entrepiso super moderno en el que se sirven platos exóticos como el ñandú.

Siguiendo este recorrido off, llegamos a la feria de Tristán Narvaja, un lugar ineludible tanto para curiosos como para coleccionistas. Esta feria que parece salida de un cuento de hadas, funciona, desde hace un siglo, todos los domingos desde la mañana. Podría describirse como un mercado de pulgas, pero la verdad es que es mucho más que eso. Se puede conseguir toda clase de objetos de colección, animales de granja, mascotas, repuestos de automóviles, electrodomésticos, ropa, antigüedades y, literalmente, todo lo que uno se pueda imaginar; nos contaron -¿será cierto?- que una vez un hombre llevó a vender un ataúd…¡No sabemos si habrá encontrado comprador pero como dato de color, es colorinche!

Para los amantes de los ritmos rioplatenses les recomendamos una caminata por el Barrio Sur, donde los tangueros podrán encontrar muchos lugares para despuntar el vicio. Si desea demostrar sus dotes en el 2×4, visite La Vieja Viola (ex Chiqué), que posee la fama de ser la mejor pista de la ciudad (ojo que abre sólo sábados por la noche). Otra opción es el bar El Farolito, que si bien es frecuentado por expertos, los novatos no son intimidados. Si quiere ir tras los pasos de los grandes, Fun Fun es su lugar porque allí cantron y tocaron Gardel, Labruna, Piazzola, Julio Sosa entre muchos otros. Recuerde reservar y llegar temprano, abre de miércoles a domingo.

El otro ritmo característico de este país es el candombe, pero este es un tema aparte, porque está íntimamente ligado con el carnaval y su mística africana. Entre febrero y marzo se viven cuarenta días de una alegría agridulce, mezcla de felicidad y nostalgia, de música y poesía. La ciudad entera la vive, respira y participa por premios importantes. La avenida principal de Montevideo es la sede de un imponente desfile en el que se presentan, en diferentes categorias, murgas, parodistas, humoristas, revistas y agrupaciones lubolas (conocidas como Las Llamadas). Otro escenario para el carnaval es el Teatro de Verano del Parque Rodó, en donde cada agrupación es calificadas.

Esta celebración tiene también un trasfondo político y quienes llevan la voz cantante son las murgas. Cada año las canciones hacen un relato de los acontecimientos más destacados del año que se fue, tanto en lo político, como en lo deportivo y lo social. Los grupos más reconocidos son Asaltantes con Patente, los Diablos Rojos, los Diablos Verdes, Araca la cana (que en lunfardo significa Vámonos que viene la policía), la Línea Maginot y Los Curtidores de Hongos. Hay murgas “nuevas”, que son consideradas de orientación política de izquierda porque surgieron junato al partido Frente Amplio. Entre ellas se destacan La Soberana y La Reina de la Teja.

Este carnaval es un espectáculo único y el artista Carlos Paez Vilaró, dueño de Casa Pueblo, fue atraído por la cultura africana y fue quien encabezó el desfile de Las Llamadas hasta el año pasado. Quienes no tengan la oportunidad de visitar Montevideo en época de carnaval pueden disfrutar de la mística de los tambores los fines de semana, en las calles del Barrio Sur.

La Plaza Independencia es otro lugar de referencia, allí están el Monumento y el Mausoleo de José Gervasio Artigas, héroe nacional uruguayo. En esta Plaza, también se encuentra la Puerta de la Ciudadela, que divide la ciudad vieja de la ciudad nueva. Alrededor de la plaza están los edificios históricos de la ciudad y uno de ellos es el Teatro Solís, donde actúan la Filarmónica de Montevideo y la Comedia Nacional. Todos los días se pueden hacer visitas guiadas que realmente valen la pena.

El Palacio Salvo, en las cercanías de la plaza, es un edificio emblemático de 120 metros de altura, inaugurado en el año 1928. Se caracteriza por una belleza controversial, que le valió a Mario Benedetti un poema llamado Falsa Oposición en el menciona también a otro edificio emblemático, el Victorino Plaza, donde hoy funciona el Hotel Raddison,

El listado de lugares que esconden mística e historia es interminable. Así, los católicos, acostumbrados a que en la América Hispana las iglesias son parte funtamental de los pueblos, seguramente querrán conocer la Catedral ubicada frente a la Plaza Matriz. Otros, los amantes del arte, elegirán perderse en las galerías del Museo de Arte Contemporáneo, en las del Museo de Artes Decorativas, en las del Museo de Arte Precolombino e Indígena (MAPI) o en el Museo Figari, Mientras tanto, algunos nostálgicos disfrutarán como si fueran niños de algunas de las atracciones del Parque Rodó, ubicado frente a la sede del Mercosur, un parque de diversiones al estilo del porteño Italpark de otrora, con tren fantasma, samba, gusano loco y montaña rusa y evocarán tiempos idos. Esto es Montevideo, crisol de culturas, hojaldre de emociones.

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