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El otoño se anticipó y el fresquito avisa que está para buzito. Mientras bordeo el Parque Centenario en dirección al teatro Nün para ver a Las Vengadoras – que lindo ir caminando al teatro –  escucho el ruido de las hojas secas sobrevolando el piso.

Observo como se arremolinan y atraviesan las sombras de los adolescentes en masa, de las parejas, de los caminantes solitarios. Arriba, las nubes en retirada se dispersan y el cielo se opaca. El otoño es la belleza. En el aire, en las veredas y en la gente. Qué placer vivirlo fuera del confinamiento.

En la puerta del Nün me encuentro con F. Hace mucho que no la veo. Me encanta que la salida sea con ella. Una entrañable amiga con la que el intercambio es siempre un gusto. Gran maestra y ahora astróloga.

Nos actualizamos, intercambiamos teorías conspiranóicas y se nos hace la hora de entrar. Mientras que en el público nos acomodamos, la energía de la obra ya se empieza a sentir. Al palo suena una cumbia y, donde suena una cumbia, hay baile y hay risa. En el escenario, creando clima, las protagonistas ya habitan la escena y nos invitan a entrar a un mundillo policial, que bastante tiene de delincuencial (mundos muchas veces convivientes, mutuamente dependientes y similares). La Orca (Silvia Villazur), postrada en una silla de ruedas, a punto de ser nombrada comisaria y la Tarta (Sabrina Lara), policía tartamuda de menor rango y ayudante de la Orca, decoran lo que parece ser el salón de un club de barrio, en donde se celebrará el ascenso de la susodicha. Desde el minuto cero se aprecia un destacable tándem actoral que nos provoca risotadas casi constantes.

Sin embargo, las policías no tienen intenciones de festejar nada. Quieren venganza. Planean, para el evento, ajustar las cuentas con Benítez. El superior que mandó al muere a la Wanda. Para ello convocan al dúo policiaco-musical, la Monja y la Zuricata, quienes se acoplan al plan y a la posibilidad de repartirse el botín. Así es que las cuatro comienzan los preparativos y una serie de ensayos fallidos en donde buscan coordinar la ejecución del programa vindicador.

Las Vengadoras, bajo el tamiz de lo cómico, lo bizarro y lo grotesco, dejan caer sospechas, rumores, maltratos, viejos rencores, amores y odios. Una matriz relacional gestada en el seno de una institución jerarquizada y misógina, que las impulsa sistemáticamente a reproducir en forma activa, aquello que sufren pasivamente.

Un guión ingenioso de Bernardo Cappa, que aborda un mundo en el que la realidad duele y el humor nos ayuda a digerir. Una obra ágil y divertida. Con color. De esas en las que la sonrisa del espectador se mantiene constante.

Se destacan los trabajos de las protagonistas. Sabrina Lara, con una construcción de un lenguaje y una identidad muy valorables, y de Silvia Villazur, capaz de congeniar en su personaje elementos agresivos y grotescos con un costado sensible y poético. Ambas logran sumergir al espectador en la ficción desde que éste llega a la sala.

Creo que hicieron una buena elección del teatro. El Nün tiene una sala que resulta especial por su calidez y que permite un clima íntimo. El trabajo escenográfico y de vestuario merecen reconocimiento.

Con F nos retiramos contentos del teatro. Disfrutamos mucho la obra. Coincidimos en que el final fue quizás un poco abrupto. Daban ganas de seguir viendo. Son poco más que las 21 y el sábado a la noche ya encontró su realización. Ahora a caminar en el fresquito, en dirección a las queridas – y por suerte – cercanas, pizzerías villacrespenses.

¡Hasta la próxima!

Ficha técnica

Dramaturgia: Bernardo Cappa

Actúan: Maia Lancioni, Sabrina Lara, Cecilia Tognola, Silvia Villazur

Diseño de vestuario: Alejandro Mateo

Diseño de escenografía: Alejandro Mateo

Diseño De Iluminación: Ricardo Sica

Asistencia de dirección: Agustina Dalmasso

Dirección musical: Nicolás Espinosa

Colaboración en dirección: Nicolás Espinosa

Dirección: Bernardo Cappa

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