Los seguidores de Susana y Gonzalo estábamos preocupados por la falta de noticias, como si la montaña vieja se los hubiese devorado… pero no, dieron señales de vida, están rozagantes y gozan de buena salud, las caras de felicidad anuncian el final previsible, el tan esperado ¡Llegamos!

Pero mejor leamos sus relatos… esos que ya nos atraparon antes y que hoy para desconsuelo de los lectores, llega a su fin. Pero habrá otros viajes… Susana y Gonzalo nunca se detienen… Bah… sí! Pero sólo a descansar unos meses y después salen a cabalgar el mundo en dos ruedas.

“Dieron las 6:30 del 18 de noviembre. Primero bus y después tren. En Ollantaytambo “El Incarail ” Nos dio una cálida y glamurosa bienvenida. Era el número 5 nuestro asiento. ¡Aquí señora! señaló el muchacho.

Cuando voltee mi vista, una mesa, dos  asientos color marfil, forrados en cuero, el florero entre dos pequeños platos rectangulares de cerámica nativa, cubiertos dos juegos y copa para vino y agua. Faroles colgaban de las paredes de madera, con ventanales enmarcados en dorado,

Todo bañado de la luz del maravilloso ¡sol peruano!

“El Incarrail primera clase”, nos llevo quien sabe ¿adónde?, me broto una emoción imposible de contener, tape mi cara con las dos manos y deje mi cuerpo caer en el mullido sillón. Levante la vista y los ojos de Gonzalo y toda su cara expresaba lo mismo. ¡Ya estuvimos acá! le dije.

No sé, me dijo él levantando los hombros. Y no salíamos de esa emoción entre risas, lagrimas y agradecimiento! Más  allá del lujo y el glamur que sin duda es sutileza, entramos por un pasadizo emocional a quien sabe que recuerdo. Un déjà vu… ¿Otra vida? Quizás…

Algo ya vivido…yo sentí claramente la emoción del reencuentro. El tren se movía y con él nuestros sentimientos, lejos de vivirlo como una sorpresa, fue como volver a un lugar muy querido.

Devorando el paisaje a su paso llego el tren a “Aguas Calientes”. Al pie de la ciudadela en las Ruinas de Machu Picchu.

Flowershome …nos albergo en una habitación que el blanco lo era todo. Paseo por el pueblo, el mercado artesanal  y un descanso por la tarde fue preparando una velada romántica…

El Machu Picchu nos levanto más temprano de lo común.

Después del desayuno había que dejar la habitación, fui la ultima en salir, cerrando la puerta, con una mirada cómplice al entorno que fue testigo de una gran noche vivida.

Despues de Aguas Calientes: ¿El Machu Picchu?

En ruinas, totalmente en ruinas…y si no me lo cree véalo usted mismo, arruinados los tipos. Eso sí, parece ser que fueron unos genios de la arquitectura o ingenieros lo tenían todo calculado, para que se hayan mantenido en pie pese a terremotos y las fallas de la geología.

Y la pila de años que pasaron… Además, analfabetos, ni una palabra Che… No dijeron nada, no dejaron nada escrito. Y desaparecieron dejándolo, parece, a medio terminar.

Pero les diré una cosa el legado de huir quedó por lo menos escrito en lo que quedó de ellos mezclando sangres, lo que observe a lo largo del camino los pueblos se suceden unos a los otros, separados por desiertos, valles ,quebradas y cornisas.

Y en todos, hay ruinas, viviendas abandonadas, arruinadas. El sello, “en ruinas”, todo Perú lo tiene Hasta donde vimos. Y las viviendas, todas o casi todas están sin terminar. Como si lo importante estuviste puesto ¿en sobrevivir quizás?

No soy quien, para dar un diagnostico a el inconsciente de este pueblo tan antiguo, pero si miro más allá de la simple vista, creo que son leales a sus ancestros. Pobres los antepasados, tuvieron que dejar su ciudad, ¡Acompañémoslo en esto! Las que no abandonadas, sin terminar…

Es muy significativo ver como perdura esto, es ¿ese quizás su patrimonio? lo que queda de su herencia y ¿sostienen a través del tiempo?…”

Hasta pronto…

Susana y Gonzalo.