Surf es una palabra corta, concreta, una palabra que sin embargo encierra un universo en si mismo. Un mundo que quienes hemos descubierto, nos enamoramos y amamos hasta las tripas. Surf es más que una idea, un espíritu, surf es una cultura que para vivirla primero hay que conocerla.

Por Maximiliano Cifuni

Para “zambullirnos en este mundo” un comienzo puede ser conocer su gente, sus entornos, costumbres y vivencias.

Nacho, surfista de corazón y de acción, oriundo de Belgrano, un día armó su bolso, agarró las llaves de la chata y encaró la ruta dos. Destino, playa Waikiki. El parador se llama Roots, la onda la mejor.

Con chiringo de troncos, madera y ventanales que dan al mar, el team de Roots conjuga reggae, buena onda, surf y un espíritu curtido por el amor al mar, y a su gente.

Desde la ruta, la 11 que une Mar del Plata y Miramar, ya cuando llegas ves la entrada a la playa, te recibe algo que augura un autentico espíritu de mar. Naturaleza en armonía. La vista, desde una cima sencilla, humilde, pero de una belleza muy personal, deja ver, sin cosmética, su identidad. En la entrada se lee, “Waikiki, club social y deportivo de mar”.

La aproximación al acceso es paulatina, el aire se siente fresco, la sal se percibe en el rostro, el sonido del agua comienza a llegar como cuando subís el volumen del tema que te gusta. En ese momento los sentidos se comienzan a alinear. El cuerpo como un sistema perfecto capta a cada paso el ingreso a una nueva atmósfera. La entradita de madera, simple, con sus tablones irregulares, te habla de veranos e inviernos, del tiempo que están ahí esperando ser visitados, es la transición perfecta de la ruta a la arena. A mi me gusta llegar descalzo, sentir las arrugas de la madera, su textura tallada por el aire salado, por el agua de lluvia, por su rechinar producto del clima y el tiempo. El olor marino se conjuga con el andar, el corazón late diferente, palpita, se alegra, bombea como pidiendo más velocidad.

La playa que se ve abajo, a unos 10 metros, es un referente de mar del plata, surfistas locales y turistas, desde niños hasta adultos, familias enteras, forman parte de la topografía. Los días pasan entre charlas, surfeadas, almuerzos e intercambios con conocidos y desconocidos.

Si te paras en la terracita de Roots, en su deck de madera, con sus mesas altas disfrutando una cerveza, podes ver las ondas del agua, algún rider posicionando su tabla, remando instantes antes de correr esa ola que vio y eligió.  Los parlantes emanan música que se acopla al sonido del mar, el día viaja entre abrazos, risas y anécdotas en el agua y en la arena.

Las pibas y los pibes de Roots, le meten toda la onda, te atienden, te tiran tips para leer el mar, te reciben con tu tabla, “dejala por ahí”, charlas con ellos sobre surf, andas por ahí sonriendo y disfrutando. O te lees un libro, con un cafecito, o solo disfrutas de mirar el mar.

Cuando va cayendo el sol, el reflejo del mar se funde con el cielo naranja del atardecer. Gran momento para dejar la mochi y bajar a correr algunas ondas!

Después de un rato, cuando tu cuerpo está nutrido de surf por el día, de vuelta en el parador, por ahí nacho pinta con la viola y se pone a zapar, se arma la nochecita. Con la energía renovada, el cuerpo ionizado, birra en mano, un nuevo capítulo comienza, Roots, Pura vida!

Artículo anteriorAEROLÍNEAS LLENARÁ MAR DEL PLATA EN VERANO
Artículo siguienteSantiago de Chile, placer y diversión