La pieza ubica al personaje de Dumont como un argentino medio, medido, acaso temeroso, víctima de su natural curiosidad periodística ante el enfático soliloquio virtual de su antagonista, el «fixer» que aseguira que al argentino se lo reconoce en cualquier país, aunque no hable, por su natural petulancia e incluso «hasta por la manera de caminar».

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