Cinco mujeres desfilan sobre un escenario vacío y un fondo gris verdoso. Ninguna sonríe. Las miradas fuertes, graves, aparecen y desaparecen. Miran a la cámara como desafiándola. Desafiando a quien observa. La música se intensifica en latidos que incrementan su frecuencia y la magnitud de su golpe. Preludio de la potencia con la que Devil atravesará a quien esté dispuesto a ver y oír lo que se tiene para decir. Para gritar.

A pesar de compartir el espacio, cada una de estas mujeres parece habitar su mundo. Y a pesar de que cada una habita su mundo, hay tantas similitudes entre los mismos, que sus atmósferas se combinan y el aire que se percibe es de bronca, de dolor y de hastío. Se difuminan las fronteras. El ambiente gris y sombrío se vuelve una olla a presión y el estallido se precipita en cada historia. Quizás, una sola historia, marcada por la violencia.

En una tierra en la que la suerte muchas veces es una cuestión de gen, lo reprimido no desaparece, sino que retorna y se manifiesta en la piel, en los cuerpos. Devil es una herida supurando. Una comunión de inmensas soledades en el ejercicio de la catarsis. Una impiadosa descarga contra el mármol del silencio que encierra a tantas vidas.

Las protagonistas narran con firmeza la violencia que se ejerce y se recibe desde la familia, la religión, el pueblo, el Estado. También desde el lenguaje y el sentido común que invisibilizan y traspasan las barreras de los cuerpos y conquistan las subjetividades. A veces descarada y a veces camuflada, esa violencia se encarna y se enquista en los deseos, en los miedos, en las fantasías, en los sueños.

Devil es una obra riesgosa. Tan estéticamente incómoda como magnética. Que pone las cartas sobre la mesa con la crudeza de las historias que se narran.

Las actuaciones son destacables y parejas. Comprometen el cuerpo y destilan intensidad.

Devil es un significante que al enunciarse tiene la potencialidad de un efecto doble. Apunta tanto a lo demoníaco como a la fragilidad. Dos formas de nombrar el encierro del ser y la prohibición del deseo. Cuando somos hablados por estas palabras del Otro, estas terminan por hacerse carne. Carne viva. Y hay que gritarlas, actuarlas, llorarlas, contarlas, compartirlas para intentar arrancarlas de la piel. Para hacernos carne de nuestras propias palabras, nuestros propios deseos y maneras de desear. Quizás el sentido posible del significante sea cuádruple. Porque al fin y al cabo, el “Devil” también es quien ejerce la violencia.

 

 

 

Podés mirar la obra en streaming a través de este link: http://www.alternativateatral.com/obra58812-devil

 

FICHA TÉCNICO ARTÍSTICA

Dramaturgia:

Florencia Naftulewicz

Actúan:

Camila Falconi, Noelia Prieto, Facundo Gabriel Sánchez, Maria Florencia Tenaglia, María Viau

Iluminación:

Leandro Javier Crocco

Asistencia general:

Pía Fonseca

Dirección:

Sergio Albornoz

Duración: 50 minutos
Clasificaciones: Teatro, Adultos

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