Si le preguntan a William Rodríguez – un padre soltero de dos hijos-, la lección más importante que ha enseñado a sus pequeños probablemente mencione en primer lugar, la importancia de la familia. Luego hablaría sobre la ética profesional y cómo ambas son importantes para perseguir tus sueños.

 

William es supervisor de mantenimiento de línea en aeronaves para American Airlines en el Aeropuerto Internacional de Miami (MIA). Ha hecho parte de la industria de la aviación por 42 años con una mirada de primera mano del funcionamiento de estos aviones y ayudando para que estos continúen siendo seguros en el aire. La aviación es su pasión y sabe que su familia y su trabajo duro lo llevaron hasta allí.

 

Su interés por los aviones comenzó cuando era un niño. Sus padres, originarios de Cuba, lo criaron en una comunidad de cubanos en Nueva Jersey. Los fines de semana empacaban un picnic e iban a la plataforma de observación del Aeropuerto Internacional Newark Liberty para ver aviones despegar a la hora del atardecer. “Con el tiempo, descubrí que quería ser uno de esos chicos en la pista que ayudaban a los aviones a despegar”, dice William.

 

William comenzó su carrera con American en el 2014, esto despertó un amor por los aviones en Maxine, su hija. “Estaba absolutamente asombrada con los aviones cuando era niña era un mundo completamente distinto del que sabía que quería formar parte”.

 

William inculcó en sus hijos una gran ética profesional para abordar cualquier desafío que pudiese surgir, valores que provienen de su herencia cubana. Los animó a ir en búsqueda de las estrellas, lo que ayudó a impulsar el futuro de ambos. Maxine y su hermano, Dean, tomaron clases extras y recibieron títulos universitarios mientras aún estaban en secundaria. Educarse siempre fue lo primero para la familia Rodríguez.

 

Cuando Maxine estaba lista para decidir una carrera, sabía que quería seguir el camino y las huellas de su padre. “Soy la niña de papá. Él es mi ídolo y quiero ser justo como él. Mi papá nos enseñó a ir más allá, trabajar duro y rápido. Estaba lista para convertirme en piloto y para comenzar de inmediato”, dijo Maxine.

 

Maxine decidió que quería una vista de primera mano de la cubierta de vuelo e ingresó a una escuela local de vuelo con su padre, orgulloso, acompañándola en cada paso. “Cada centavo que ahorré, se destinó a sus lecciones de vuelo”, expresa William. “Mientras ella estuviera dispuesta a trabajar y perseverar, prometí estar para ella”.

 

Las lecciones de la familia Rodriguez volvieron al ruedo cuando Maxine navegó en un incierto curso para ser piloto. Como una mujer joven perteneciente a una minoría, William sabía que el camino de Maxine para convertirse en piloto requeriría de trabajo duro, dedicación y carácter- todas las características que le inculcó desde temprana edad.

 

A medida que Maxine comenzó a tener horas de vuelo y experiencia, dijo que sabía que su meta más grande era volar para American. La primera vez que su padre la llevó al hangar de Miami, se dijo a sí misma “Este es el lugar en el que quiero estar, aquí es donde me veo y estaré dispuesta a hacer lo necesario para llegar aquí”.

 

Maxine estuvo en un evento de Mujeres en la Aviación este año cuando American le ofreció una entrevista in situ y una oferta de trabajo como Primer Oficial. “Me sentía en la luna cuando recibí la oferta, las lágrimas solo me caían, no lo podía creer. Sabía que mi arduo trabajo eventualmente daría frutos, me sentí extremadamente bendecida y afortunada en ese momento” dijo.

 

Fue un largo camino lleno de altas y bajas. Con tal solo 26 años, Maxine es una de las pilotos hispanas mujeres más jóvenes en American. Ahora que tiene sus alas espera guiar e inspirar a una próxima generación de niñas que quieran convertirse en pilotos.

 

“Ser latina en aviación es algo muy raro, desafortunadamente. Tuve muchos obstáculos, pero mi papá me enseñó sobre el amor” dijo. “Sé que no todos tienen esa misma guía, por eso me siento responsable de guiar ese camino. Ahora hay niñas latinas mirándome como un modelo a seguir, quiero apoyarlas porque finalmente, el camino lo vale”.

 

Ella se siente agradecida y en deuda con su padre por todos los sacrificios que hizo para llevarla a donde está hoy. Maxine dijo que su padre es su más grande consuelo y que espera que siempre esté a su lado.

 

Los dos viven ahora en Miami y están basados en el centro de conexiones de MIA. Para aprender más sobre su historia, ver este link.

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