Breve reflexión previa

Ninguna doctrina de orden espiritual o religioso – y esto queda sujeto a la humilde opinión de este cronista – ha logrado explicar, con sustancialidad empírica, la circularidad del tiempo.

Es cierto, el humano transita y carga con experiencias en donde algo termina y vuelve a empezar trazando, luego, un idéntico recorrido al anterior. Las revoluciones solares, las estaciones climáticas, la compulsión a la repetición (si vamos a escala humana) son, sin duda elementos cíclicos que componen su existencia.

Sin embargo, nuestra experiencia sensible parece mostrar más bien lo contrario. El tiempo se percibe como lineal. Heráclito dirá que uno nunca se baña dos veces en el mismo río, a pesar de que el mismo se mantenga, en apariencia, igual. El río jamás vuelve a ser el mismo río y su fluir es de una naturaleza tan dinámica que no puede capturarse. El río es metáfora del tiempo, para el griego.

1989 

La Argentina, siempre huidiza a los parámetros convencionales, luce permanentemente su circularidad histórica. Ciclos económicos, políticos y sociales se suceden y vuelven a engendrarse mutuamente. Las oscilaciones son tan llamativamente similares que harían confundir al mismo Heráclito, y al sentido común. El argentino está habituado a percibir las repeticiones de su propia historia.

La obra lleva el nombre del año en que trascurre: 1989. Contexto de inflación descomunal, precarización laboral, conflictividad social, empobrecimiento generalizado, crisis energética, un gobierno que se tambalea. La realidad es signada por su propia fragilidad, y en la narración de Teodoro López se observa un claro reflejo de la actualidad.  La sensación de que la rueda del tiempo dio una vuelta completa recorre todo el espectáculo. Sobre todo, porque también se traza un círculo en la historia familiar planteada.

Hernan, Fernando y Gregorio son hermanos que se reencuentran en el negocio familiar, una cerrajería, para exhumar el cuerpo de su padre, fallecido diez años atrás. Luego deben trasladarlo hacia un nicho. La exhumación planeada en tiempo y forma por el mismo progenitor, debe incluir en el nicho el guardado de una misteriosa caja de su pertenencia conservada por los hijos. Hugo, empleado del negocio, y Nora, esposa de Fernando, serán participes necesarios del devenir familiar.

La reconstrucción de época, tanto desde el guion, las actuaciones, el vestuario y la impecable escenografía, facilita el traslado del espectador al tiempo narrado. Los guiños permanentes, el clima emocional, la jerga de los personajes, sumergen al público en un mundo ficcional pero reconocible, y lo atraen a seguir con atención las grotescas problemáticas familiares que se desarrollan.

La historia narra con claridad una vía por la cual desfila un sistema económico y un sistema familiar. El desenlace, se huele y casi se sabe, difícilmente no será catastrófico.

FICHA TÉCNICO ARTÍSTICA

Autoría: Teodoro López

Actúan: Tobias Bearzotti, María Colloca, Emiliano Diaz, Germán Rodríguez, Gonzalo Ruiz

Voz en Off: Milton Re, Irene Savariano

Vestuario: Sabrina López Hovhannessian

Escenografía: Manuel Escudero

Iluminación: Luciana Giacobbe

Diseño De Sonido: Norman Macloughlin

Fotografía: Santiago Young

Diseño gráfico: Daniela Tamashiro

Asistencia de dirección: Teodoro López

Prensa: Duche&Zarate

Supervisión dramatúrgica: Leandro Airaldo

Dirección: Leandro Airaldo

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