VEO ÁRBOLES QUE CAMINAN

28 mayo, 2018
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Por Yako Laus

Ver y no ver resulta una obra de sensaciones agridulces. El guión basado en una historia real escrita y dada a conocer por el escritor y neurólogo Oliver Sack plantea unas interrogantes sumamente interesantes acerca del deseo como motor y acerca del acto de mirar y ser mirado. Sin embargo, la fragmentación de las escenas, la lentitud con la que están llevadas las acciones y los diálogos, vuelven la obra un poco densa especialmente sobre la mitad de la misma. Así, los grandísimos actores que son Arturo Bonín y Graciela Dufau, no terminan de salvar una obra que a rasgos generales es buena.

Pero vayamos de a poco. Graciela Dufau es Anny, una mujer que prácticamente nació ciega y que disfruta de una vida que se podría decir plena ocupando su tiempo entre la natación, la bicicleta, los amigos y un trabajo del que disfruta. De casualidad, a sus cincuenta años, conoce a un hombre sumamente inteligente, autodidacta y amante de las causas perdidas que se enamora de ella y al poco tiempo le propone casamiento. Ella naturalmente acepta y es a partir de aquí que él comienza a persuadirla de que es posible recuperar la vista. En este punto la obra se vuelve sumamente interesante ya que las interrogantes sobre el accionar de los tres personajes empiezan a aflorar como escarabajos de tierra luego de una lluvia torrencial. ¿Qué rol es el que juega ella en la vida de él? ¿Es de verdad el amor lo que la une a ella o el deseo de encontrar una nueva causa perdida por la cual luchar? Seguramente, pienso, lo mismo le hubiera dado casarse con un animal en peligro de extinción en el medio de la sabana africana. Con un orix, por ejemplo. Y sin embargo otra pregunta: ¿Por qué ella, aparentando ser feliz, acepta el deseo de su marido – por lo demás, prácticamente un desconocido – sometiéndose a él? Anny en ningún momento parecía decidida a emprender ese camino que significaba el regreso al mundo de los videntes y sin embargo elige recorrerlo exponiendo su cuerpo y su psiquis. Una más: ¿Cómo es posible que un doctor, una especie de eminencia venida a menos, oculista y cirujano, elija exponer a una paciente a tal procedimiento quirúrgico con bajísimas chances de resultados positivos sólo para intentar recuperar algo de prestigio? Todas preguntas validas que por particulares no pueden evitar ser generalizadas. ¿Qué vemos, qué buscamos, qué necesitamos del otro cuando nos enamoramos o cuando elegimos ponernos en pareja?¿Cómo nos relacionamos con la mirada del otro, con el deseo del otro, frente a la auto-percepción y  el deseo propio?¿Hasta dónde uno es capaz de llegar en la búsqueda de la realización personal? Todas preguntas que, sin embargo, se desvanecen al momento en que, contra todo pronóstico, la operación resulta un éxito y Anny recupera la vista. Viva la ciencia! Viva la medicina! Alabados sean Hipócrates y Galeno!

La segunda parte de la trama resulta, por supuesto, del éxito de la operación y se apoya principalmente en una frase que Anny repite como el ciego de Betsaida cuando Jesús le devuelve la vista y que a la vez es el título de ésta nota. Ante la pregunta de Jesús el ciego responde: “Veo árboles que caminan”. Es difícil pensar en la profundidad de ésta frase que tuvo un millar de interpretaciones a lo largo de la historia. Sin embargo, el personaje del médico nos da una pista cuando diferencia el ver del conocer. Anny – le dice al esposo –  tendrá que aprender a ver. Ver no es simplemente el acto de percibir imágenes, sino de poder interpretarlas. Tal como dijo Platón, los sentidos nos engañan y si nosotros no somos capaces de interpretar aquello que percibimos, da lo mismo percibir algo que no percibir nada en absoluto. Todas estas cuestiones pasan a ser parte de una trama que avanza lenta pero firmemente. Acompañada de imágenes de carácter onírico dibujadas y puestas en escena por Eugenio Zanetti un artista de renombre tanto nacional como internacionalmente.

De este modo, la obra cuenta con un conjunto de factores que la vuelven sumamente interesante: situaciones que nos dejan pensando durante y después de la obra, un tridente actoral de primera linea y la escenografía diseñada por Eugenio Zanetti. Sin embargo, una vez más quizá deba decir que el ritmo es algo lento. De todos modos, a mí la balanza me arroja positivo y encontrar una balanza que arroje positivo en ésta época de crisis no es algo para desprestigiar, ¿no?

 

FICHA TÉCNICA:
Autoría: Brian Friel
Adaptación: Hugo Urquijo
Traducción: Hugo Urquijo
Actúan: Arturo Bonín, Graciela Dufau, Nelson Rueda
Vestuario: Sebastián Sabas
Escenografía: Eugenio Zanetti
Audiovisuales: Eli Salazar, Fernando Sicard
Asistencia de dirección: Ariana Caruso
Prensa: Duche&Zarate
Producción ejecutiva: Domenica
Dirección: Hugo Urquijo

TEATRO LA COMEDIA
Rodriguez Peña 1062 – Capital Federal – Buenos Aires – Argentina
Teléfonos: 4815-5665 / 4812-4228
Web: http://www.lacomedia.com.ar
Entradas desde: $ 450,00 – Sábado – 18:00 hs – Hasta el 09/06/2018
Entradas desde: $ 450,00 – Domingo – 18:00 hs – Hasta el 10/06/2018
Entradas desde: $ 450,00 – Viernes – 18:00 hs – 25/05/2018 y 06/06/2018
Entradas desde: $ 450,00 – Miércoles – 21:00 hs – Del 30/05/2018 al 06/06/2018

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